Con Obama llegó la revolución. Ahora no hay político de renombre que no tenga su sitio en internet y no pertenezca a una red social (o a todas). La posibilidad de traspasar las pantallas de televisión para llegar a tu habitación, a tu escritorio o a tu teléfono es irresistible para cualquier campaña política.
El ejemplo más actual y cercano es la carrera binaria de los candidatos de las elecciones gallegas, maratón más bien, que les lleva a plantar un post en cualquier sitio que les ofrezca la posibilidad de difundir su palabra.
¿Qué hay que contestar a preguntas en la página del partido? Pues sin problema. ¿Qué si lo mejor es empezar ya con el blog que se nos está pasando el arroz y nos pilla la delantera nuestro rival? Para ahora es tarde. ¿Qué si el vecino tiene su propia tele en internet? Yo monto la mía.
El último chiste que oí tras el lanzamiento de quin.tv, touriño.tv y feijoo.tv es que la disputa no era por gobernar Galicia, si no por hacerse con el segundo canal autonómico. Bromas aparte, el siguiente paso fue dar el salto a las redes sociales, con perfiles en Facebook y Tuenti y multiplicando amigos por votos y votos por amigos.
A más de uno le van a salir las cuentas de la lechera. Porque es innegable que hoy en día, si no estás en la red (y mejor en toda la red) no estás en la vanguardia de la comunicación, te quedas atrás. Y en política quedarse atrás es sinónimo de derrota segura. Tambien es seguro que esto es un hecho normal en una sociedad avanzada de un estado industrializado y occidental.
Pero…, ¡uy! Tropezón y la lechera al suelo. Resulta que Galicia está en el vagón de cola de España en cuanto a calidad de acceso a Internet y al uso de banda ancha, según el Informe Telefónica de la Sociedad de la Información. De acuerdo con que esta tendencia comienza a invertirse, pero ¿lo lógico no sería doblar la cantidad de hogares gallegos con Internet antes de intentar sacar cacho electoral blandiendo los unos y los ceros para conquistar el ciberespacio?


